En 2023 la inflación y las tasas de interés estaban muy por encima de las de 2019. Pero el Banco Central informó que la deuda de los hogares bajó levemente durante 2023 (48,8% del PIB al cierre del año); no se encontraron datos que muestren que había vuelto exactamente al nivel previo a la pandemia, cuando llegó a un máximo de alrededor de 75% del ingreso disponible.
Ese monto de deuda se recuperó ya. Están igual de endeudados que antes. Pero con un agravante, que estamos ahora con más inflación y con una tasa más alta.
Antes de la pandemia la deuda bruta del Gobierno Central era baja (28,3% del PIB en 2019) y la de los hogares estaba en máximos históricos (alrededor del 75% del ingreso disponible a fines de 2019). La sostenibilidad es un juicio, pero el contraste descrito es correcto.
(provisional) La cifra (80% de los hogares no llega a fin de mes según la Encuesta de Presupuestos Familiares) no se pudo contrastar con la publicación del INE en esta evaluación.
Los datos de la Casen 2022 respaldan que el mercado laboral no explicaba la baja de la pobreza: los ingresos del trabajo y el ingreso autónomo cayeron en términos reales entre 2017 y 2022, sobre todo en el primer decil. La Casen 2024 (publicada en enero de 2026), con una metodología más exigente, situó la pobreza en 17,3%. Lo de la capacitación, la productividad y la educación no se verificó con un indicador concreto.
Las transferencias sí explican buena parte de la baja de la pobreza en la Casen 2022 (lo reconoció el propio ministro Jackson), pero el PNUD atribuye 1,1 de los 2 puntos de caída frente a 2017 a la reducción del tamaño de los hogares. Además, los retiros de las AFP y el IFE se pagaron en 2020-2021, antes del período de la encuesta (noviembre de 2022 a febrero de 2023), por lo que no explican directamente esos ingresos.
Según la Casen 2022, el ingreso autónomo promedio de los hogares bajó de $1.269.620 en 2017 a $1.236.534 en 2022 (pesos de noviembre de 2022), una caída real de alrededor de 2,6%; en el primer decil la caída fue cercana al 52%.
Los datos de la Casen 2022 respaldan que el mercado laboral no explicaba la baja de la pobreza: los ingresos del trabajo y el ingreso autónomo cayeron en términos reales entre 2017 y 2022, sobre todo en el primer decil. La Casen 2024 (publicada en enero de 2026), con una metodología más exigente, situó la pobreza en 17,3%. Lo de la capacitación, la productividad y la educación no se verificó con un indicador concreto.
Las transferencias sí explican buena parte de la baja de la pobreza en la Casen 2022 (lo reconoció el propio ministro Jackson), pero el PNUD atribuye 1,1 de los 2 puntos de caída frente a 2017 a la reducción del tamaño de los hogares. Además, los retiros de las AFP y el IFE se pagaron en 2020-2021, antes del período de la encuesta (noviembre de 2022 a febrero de 2023), por lo que no explican directamente esos ingresos.
Según la Casen 2022, el ingreso autónomo promedio de los hogares bajó de $1.269.620 en 2017 a $1.236.534 en 2022 (pesos de noviembre de 2022), una caída real de alrededor de 2,6%; en el primer decil la caída fue cercana al 52%.
La Casen siguió siendo bienal: después de la de 2022 vino la Casen 2024, levantada entre noviembre de 2024 y febrero de 2025 y publicada en enero de 2026.
La premisa es en parte cierta: la baja de la pobreza en la Casen 2022 se debió en gran medida a subsidios y transferencias, y no a mejores ingresos laborales, como reconoció el ministro Jackson. Pero parte de esas transferencias (como la PGU y los apoyos de 2022) fueron políticas del propio gobierno, de modo que no era un logro del todo ajeno.