Chile crece sin una estrategia de desarrollo y desaprovecha sus bonanzas de recursos naturales.
Mayol sostiene repetidamente desde 2017 que Chile intensificó la producción sin agregar valor ni modernizarse, y en 2023 que desaprovechó el récord del cobre y del litio. En 2025-2026 afirma que el desarrollo depende de mejorar la educación y que el país enfrenta su última oportunidad sin estrategia. Las evaluaciones son mayormente parciales.
Las exportaciones chilenas siguen concentradas en materias primas: la minería representaba 57% de las exportaciones en 2012, con el cobre como principal producto. La afirmación de que no hubo ningún proceso de modernización es más discutible.
En 2017 Chile ya vivía una expansión solar acelerada: la capacidad fotovoltaica conectada llegó a 1,82 GW a fines de 2017, frente a 11 MW en marzo de 2014. El potencial seguía lejos de explotarse, pero decir que no se aprovechaba era en parte inexacto ya en esa fecha.
El cobre tenía precios altos en 2023, pero el litio, que había rozado los US$70.000 por tonelada a fines de 2022, cayó con fuerza durante 2023, y el valor exportado bajó aunque la producción subió. Por eso la 'doble bonanza' sólo se sostenía a comienzos de ese año.
Según el USGS, el precio medio del carbonato de litio de grado batería llegó a unos 71.100 dólares por tonelada en 2022, frente a 14.200 en 2021 y 41.300 en 2023. Que Chile no estuviera preparado para aprovecharlo es una valoración que no se evaluó.
Hanushek y Woessmann sostienen que las habilidades cognitivas medidas en pruebas como PISA explican buena parte de las diferencias de crecimiento entre países, pero otros economistas cuestionan su modelo. Que la inversión en minería y energía no baste para el desarrollo es un debate abierto.