La encuesta CEP no sirve para entender la elección presidencial porque sus datos no discriminan.
Juicio metodológico sobre la utilidad de la encuesta CEP; no se contrastó con los datos de esa medición.
Es una hipótesis sobre la población que queda fuera de las muestras de las encuestas; no hay datos que permitan comprobarla directamente.
Un diagnóstico se juzga con lo que se sabía en la fecha del video.
Todas las afirmaciones de este video →En tiempos institucionalistas, esa gente se parece igual a la gente que está dentro. Hay diferencias, pero son matices. Cuando ven en crisis como esta, ese mundo es completamente opuesto, y tú no tienes nada con que mirar.
Parte de la tesis recurrente Las encuestas electorales chilenas son metodológicamente débiles: no son probabilísticas y su margen de error es ficticio.
Juicio metodológico sobre la utilidad de la encuesta CEP; no se contrastó con los datos de esa medición.
En la primera vuelta de 2017 Beatriz Sánchez obtuvo 20,27%, contra 22,70% de Alejandro Guillier, a 2,4 puntos del balotaje. La cifra de la encuesta CEP previa no se verificó en esta evaluación.
(provisional) No se encontraron, sin búsqueda web disponible, las fichas metodológicas de las encuestadoras para verificar cuáles usan muestras no probabilísticas y cómo las presentan.
(provisional) Afirmación sobre el efecto del verbo de la pregunta en los resultados; no se encontró evidencia experimental que la contraste.
La última encuesta de La Cosa Nostra (12 de noviembre) daba a Jara 33,6%, frente a 29% en Cadem, Criteria y Panel Ciudadano; Jara sacó 26,85%, de modo que la diferencia de LCN fue en la dirección de mayor error. La explicación metodológica propuesta no fue contrastada.
Varias encuestas rápidas usan paneles en línea no probabilísticos, pero en 2025 Cadem presentaba su encuesta telefónica como probabilística, con un margen de error de ±3,7 puntos. Recién en 2026 migró a un panel en línea no probabilístico.
Es una interpretación del voto. Las encuestas del CEP mostraban la delincuencia como la principal preocupación ciudadana durante 2024-2025, y la derrota de los partidos tradicionales también admite lecturas de rechazo a la política; ningún estudio contrastó ambas explicaciones.
Varios análisis interpretaron el voto por Milei en 2023 como canalización del hartazgo con la clase política ('voto bronca'), pero otros, basados en encuestas a sus votantes, matizan que el enojo apuntaba a los políticos y no al sistema. La lectura de 'estallido social' es una interpretación.
Es una definición conceptual de malestar social, no un hecho contrastable.
Es una periodización sociológica (2011 contra el empresariado, 2019 contra la política) que no se puede contrastar con un indicador concreto.
Es una acusación genérica sobre el uso de encuestas; no se identifica un caso concreto que pueda verificarse.
La cifra de 68 países con estallidos en 2018-2019 es un recuento propio de Mayol, sin fuente identificable. Es cierto que en Chile el gobierno de Piñera terminó su mandato pese al estallido de 2019.
Es una caracterización amplia de la evolución de los sistemas políticos en varios países; no hay un indicador concreto con el que contrastarla.
La investigación en psicología social asocia la desconfianza hacia autoridades e instituciones con la creencia en teorías conspirativas, pero la causalidad también va en sentido inverso: un estudio de Jolley y otros mostró que exponerse a teorías conspirativas aumenta la anomia.